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Al Gore trata marcar la ruta en la COP 20

El ex vicepresidente norteamericano y Premio Nobel de la Paz 2007 llama a convertir la política en un recurso renovable.

Publicado: 2014-12-10

Al final, alzó los brazos como si hubiera metido un gol, y pronunció una sentencia que a estas alturas de la COP 20 suena desafiante. “!La voluntad política también puede ser una energía renovable!”, dijo, con lo que arrancó aplausos del respetable, que llevaba cerca de una hora escuchándolo, sin cansarse, y sobresaltándose con las profusas citas e imágenes de su exposición, poblada de datos recientes sobre las dimensiones del drama climático.

Entre ellas, las intensas inundaciones producidas, en el 2013 y este año, en Bangladesh, en Brasil, en Francia, en China, en Pakistán, en la República Checa, en la Amazonía peruana, en más de una ciudad estadounidense. Ningún lugar del mundo se libraba, según su documentado punto de vista, abastecido sobre todo por el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) y puesto en escena por él.

fuente: necesitodetodos.org

El Perú de pronto aparecía, con las riadas que periódicamente rebalsan a los pueblos serranos, o selváticos, o con una imagen algo serena del distrito chalaco de La Punta, mostrada para decirnos que, si el nivel del mar sube, afectaría a muchas poblaciones, pues al menos el 47% de nuestra gente vive en zonas costeras. Cuando aterrizó sobre nuestros glaciares andinos, para hablar de su lenta disolución, se puso algo serio.

Ya se sabe: hemos perdido un 40% de la generosa masa de hielo que yace en las cumbres andinas en los últimos 20 años, a lo que Gore añadió, como escribiría César Vallejo, una nervazón de angustia. Al día, de acuerdo a sus palabras pronunciadas en un inglés hablado raudamente, ya estaríamos perdiendo 3% de ellos, lo que lanzaría un oscuro pronóstico para la producción de agua en el futuro, que viene de esas cumbres nevadas.

El ex vicepresidente norteamericano, además, se sumergió -casi literalmente- en una hipótesis que explicaba en medio de secuencias muy dramáticas, grabadas en medio de inundaciones varias, qué es lo que estaba ocurriendo. El mar, explicaba, por ser más el ecosistema más grande, absorbe mucho calor y produce gran cantidad de evaporación planetaria. Lo mismo que otros cuerpos de agua, como en una olla que hierve.

Dado que la temperatura del planeta ha aumentado, debido al exceso de gases de efecto invernadero producidos por el animal humano, la evaporación global ha aumentado. De allí, que se hayan abierto varios frentes intensamente acuosos e incontrolables, en diversas partes del mundo. La imagen que puso en pantalla, de una señora cogida de una cuerda para intentar salvarse de un torrente amenazante en China, daba carne a la idea.

Gore, oportuno y sagaz, ofrecía datos y cuadros recientes, no de hace una década. Por ejemplo: la pérdida del 80% de la cosecha de maíz en Guatemala, en el 2013; la escasez de agua reciente en Sao Paulo, Brasil (y el calor de más de 37 grados que ha soportado). También la imagen una inundación en nuestra Amazonía, de junio pasado; y otra de la desangrada Siria actual, donde al tormento de la guerra se ha sumado una brutal sequía.

¿Fungía de alarmista el político demócrata? En modo alguno. No repentinamente, pero sí como si su discurso fuera pasando de la oscuridad climática a la cauta luz de la esperanza, Gore fue lanzándose sobre las posibilidades, reales no alucinadas, de las energías renovables. Nuevamente las imágenes lo ayudaban: secuencias de parques eólicos acá o acullá, o de paneles solares montados sobre casas o edificios.

Más de una vez citó al Papa Francisco – verbigracia, cuando este dijo que “si destruimos a la naturaleza, la naturaleza nos destruirá a nosotros”-, y mostró los paneles solares que pululan en los techos del Vaticano, al que, risueño, rotuló como “uno de los próximos lugares carbono neutrales del mundo”. Nuestro país (al que llamó ‘beautiful’al salir, en medio de un gentío) también fue mencionado como parte de esta movida alternativa.

Como queriendo demostrar que no era él, sino la propia gente la que iba tomando conciencia, Gore contó que el mismísimo Citibank había informado que las energías renovables eran un negocio “que recién comenzaba”, o que en Alemania cerca del 70% de la electricidad provenía de energías renovables. Decenas de imágenes de molinos de viento o paneles solares, más de uno en nuestra serranía, sustentaban sus palabras.

Y, claro, también apuntó al quid económico del asunto. “Si el consumo de esta energía sube –explicó-, el costo bajará”. Todo para decir, casi clamar, que el freno al cambio climático es posible, y que ni es complicado ni es mal negocio. Su disertación parecía dar una vuelta por los signos de la tragedia en curso, pero, en la segunda parte, mostrar el camino, la luz al fondo del túnel caliente. Con recursos que ya existen o están naciendo.

Quizás por eso alzó las manos al terminar, tras llevar al auditorio por un viaje desde donde se avistaban curvas estadísticas preocupantes, como aquella que señalaba que los años más rojos, más calientes, eran los últimos; y a la vez haciéndolo asomarse en el cambio al alcance de su mano, de su decisión y la de los políticos. Años atrás, recordó, muy pocas personas usaban teléfonos celulares, “ahora son millones los que los tienen”.

Para graficar esa cita, usó una foto de él mismo con un inmenso teléfono móvil, lo que desató una leve carcajada global. Qué hubiera pasado, se preguntaba uno, si este hombre llegaba a la presidencia de Estados Unidos en el 2000, en lugar del tremebundo negacionista climático George W. Bush. Tal vez hubiera ratificado el Protocolo de Kioto, tal vez no. Lo que es seguro es que al menos se habría sentado a discutir el tema.


Escrito por

Ramiro Escobar

Periodista. Especializado en temas internacionales y ambientales.


Publicado en

MeditaCOP

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