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foto: democratic fund

Kerry, Gore y el cambio de clima norteamericano

Publicado: 2014-12-11


‘Hablen. Hagan que nadie puede ignorar el cambio climático un solo día más”, dijo, casi clamó, John Kerry, el Secretario de Estado norteamericano, en una conferencia a auditorio repleto en la sede de la COP 20, con seguridad extremada y al parecer hasta con un helicóptero que daba vueltas sobre el Pentagonito. Se les pidió a los asistentes que no se movieran de sus sitios, que apagaran sus teléfonos. Casi que prestaran férrea atención.

Era explicable. Hablaba la máxima autoridad presente de la mayor potencia mundial, que es a la vez el segundo mayor emisor de Gases de Efecto Invernadero (GEI) en el mundo. Venía, además, de alguna manera a rayar la cancha climática, con un discurso que hubiera sido impensable en los tiempos de George W. Bush, y que sonó esperanzado para algunos de los presentes, entre los que había observadores, periodistas y negociadores.

Al Gore, el ex vicepresidente norteamericano, que ayer miércoles 10 de diciembre había dado una charla magistral en otro auditorio de la COP 20, estaba en primera fila, junto con Manuel Pulgar Vidal, nuestro Ministro del Ambiente, y Christiana Figueres, la costarricense que ejerce la Secretaría Ejecutiva de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC). Fue un discurso en la cumbre, sin duda.

Poblado de llamados a la acción, algo un poco inusual para un representante de Estados Unidos, país sobre el que caen sospechas en el entorno del debate climático: “tenemos que tomar medidas gigantes, claras y medibles”, “las generaciones futuras no nos perdonarán'', “podemos ser juzgados por un fracaso moral de consecuencias históricas”. Kerry, sin embargo, precisó al comienzo que él siempre había compartido esta causa.

Que había estado en Kioto y Copenhague, como senador. Es cierto, el actual Secretario de Estado proviene de los tiempos en que Bill Clinton casi ratifica el Protocolo de Kioto, o cuando el mismo Gore intentaba presentar a su país como una nación comprometida con la lucha ambiental. Levemente, ese ánimo ha vuelto con la administración del presidente Obama, quien constantemente habla sobre energías renovables.

Precisamente por allí entró Kerry en el discurso que acaparó la atención en la COP 20. Como Gore, primero presentó la tragedia –aunque con menos datos que el hombre de ‘Un Verdad Incómoda’- y luego aterrizó en el esperanzador territorio del cambio de matriz energética. Fue sumamente enfático en eso, por ejemplo cuando dijo que “el mercado energético del futuro será el mercado más grande que el mundo conocerá”.

Esa parece ser la clave del actual discurso climático norteamericano: no es mal negocio, es cuestión de ir para allá. “Esto tiene que ver con crecer o no hacer crecer nuestras economías”, dijo Kerry, jugando en tándem con Gore, quien el día anterior había puesto numerosos ejemplos de cómo las energías renovables podrían convertirse en un elemento dinamizador de las finanzas, del empleo. Se avizora, según esa mirada, una oportunidad.

El problema es que, no obstante su discurso esperanzador -saludado por Oxfam América (OA) y el World Resource Institute (WRI), dos instituciones que trabajan por la expansión de políticas sostenibles-, Kerry no dio precisiones sobre las posiciones concretas de EEUU en la COP 20. Sólo quedó claro que quieren alcanzar un acuerdo, que están interesados en ello, pero no qué están dispuestos a aceptar o no en estos pasillos.

Estos días ha habido más de un trascendido en torno a la negativa de la delegación norteamericana, encabezada por Todd Stern (quien presentó al Secretario de Estado en el auditorio), a que el acuerdo que se alcance en la COP 21 de París -y cuyo borrador se debe hacer acá, en la COP 20 de Lima- no sea ‘vinculante’, algo a lo que la Unión Europea (UE) sí accede. EEUU más bien sugiere que sea un ‘acuerdo real’.

Eso es lo que dijo Kerry, en su inflamada declaración, añadiendo que se debe luchar por eso “pese a que dicho acuerdo tal vez no será posible incluso en la cita de París (COP21)”. Cuando le pregunté a Figueres al respecto, dijo “el tema es ver qué aspectos del acuerdo van a ser vinculantes y a qué nivel”. Una manera de decir, quizás, que la administración Obama podría aceptar algunas parte de un acuerdo y otras no.

Si EEUU no acepta un consenso para el clamado nuevo ‘acuerdo’, las negociaciones pueden no avanzar mucho. Piénsese, además, en que tanto la gran potencia, como China, hicieron un importante anuncio días antes de la COP 20, al declarar que, como los mayores emisores de GEI, se proponían reducirlas. Uno en 26% al 2025 y otra poniéndose un tope para emitir en el 2030. Y con las energías renovables creciendo.

En suma, son bienvenidas las intenciones de Kerry y Gore, que por supuesto cuentan con la bendición de Obama. Su país ahora sí quiere luchar contra el cambio climático, se lo toma en serio, ve con preocupación los temidos dos grados por encima de la temperatura media global. Como otras tantas veces, sin embargo, parece estar tratando de poner las reglas mundiales, algo que puede no ser tan digerible para otros países o regiones.


Escrito por

Ramiro Escobar

Periodista. Especializado en temas internacionales y ambientales.


Publicado en

MeditaCOP

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